jueves, 17 de septiembre de 2009

La sentencia

La sentencia

Aquella noche, en la hora de la rata, el emperador soñó que había salido de su palacio y que en la oscuridad caminaba por el jardín, bajo los árboles en flor. Algo se arrodilló a sus pies y le pidió amparo. El emperador accedió; el suplicante dijo que era un dragón y que los astros le habían revelado que al día siguiente, antes de la caída de la noche, Wei Cheng, ministro del emperador, le cortaría la cabeza. En el sueño, el emperador juró protegerlo.
Al despertarse, el emperador preguntó por Wei Cheng. Le dijeron que no estaba en el palacio; el emperador lo mandó buscar pero nadie lo encontró.
LLeno de temor y ante las sensaciones y recuerdos que aquel sueño le transmitieran, el emperador comenzó a indagar solo.
Trató de recordar con claridad lo soñado, armó itinerarios de búsqueda... proyectó nuevas acciones. Así transcurrió el día, en una búsqueda desesperada y calculada a la vez. El sueño venció al emperador, que tuvo la suerte de dar continuidad a lo soñado la noche antes.
El dragón volvió a aparecer y le reveló que por tres días debía permanecer escondido de Wei Cheng. Nadie debía buscarlo. Quien lo hiciera le causaría la muerte.
Al despertar el emperador comprendió que su vida corría peligro. Pensó y al instante dio la orden: "Armen mis maletas, volaré hacia Acapulco para descansar unos días"

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